En octubre escribí en LinkedIn después de recibir el rechazo de cinco artículos enviados a ICSE. Estaban en distintas fases: algunos eran nuevos; otro ya se había utilizado fuera de la universidad. Me decepcionó el resultado, claro, pero el número de rechazos no era toda la historia. Lo que más me inquietó fue lo difícil que resultaba entender las decisiones a partir de las revisiones recibidas.
En varios artículos, los revisores tiraban en direcciones opuestas. Algún rechazo leve parecía pedir solo pequeñas aclaraciones. Alguna aceptación firme apenas explicaba su entusiasmo. Otras revisiones señalaban problemas serios que sí podíamos abordar. En conjunto, no siempre quedaba claro qué había considerado decisivo el comité.
Tengo que ser prudente. No estuve en esas deliberaciones. No puedo deducir la calidad de una discusión privada a partir de las revisiones, y cinco rechazos no demuestran que el proceso estuviera roto. Parte de las críticas mejorará los artículos. Lo que sí puedo decir es que, desde el lado del autor, algunos comentarios hacían difícil aprender del resultado.
¿Para qué sirve una réplica?
La conversación pública me ayudó a afinar esa pregunta. Una persona señaló que un rechazo leve puede ser una postura verdaderamente abierta: el revisor puede cambiar de opinión tras leer la réplica o las demás revisiones. Estoy de acuerdo. Una recomendación no es un voto final y no cabe esperar que una réplica borre todas las dudas.
Aun así, los autores dedicamos tiempo a responder preguntas concretas en ese periodo. Ayuda que la decisión posterior explique si esas respuestas cambiaron algo y qué preocupación pesó más al final. «Los revisores no estaban de acuerdo» da contexto; «esta es la razón por la que el comité resolvió el desacuerdo así» es información con la que un autor puede trabajar.
En la publicación inicial también me pregunté si una avalancha de artículos de baja calidad generados con IA podría estar sobrecargando a los revisores. Es una preocupación, no una explicación que pueda demostrar para estas decisiones. La capacidad de revisión y el volumen de envíos merecen atención, pero no sé qué pasó con la carga de trabajo de ningún revisor concreto.
Ahora toca revisar los artículos. Tomaré en serio las críticas sólidas y volveré a enviar el trabajo donde se pueda evaluar de nuevo. También espero que sigamos preguntándonos cómo hacer las revisiones más comprensibles para quienes hacemos ese trabajo. Un rechazo puede ser útil; debería permitir al autor saber qué hacer después.
Este artículo amplía mi publicación de LinkedIn y la conversación pública posterior, de octubre de 2026.